Inerte

Mirando fijo hacia la cristalina solución, terminó enrollando una gran parte de sus manuscritas inspiraciones que cosechó en el mes de Abril.

Dejó caer su cabeza en el respaldo y observó cómo la densidad del humo se elevaba lentamente hacia el techo de chapa.

De repente, lo agobió ese calor intenso y cansino que reposaba sobre su espalda. En esa madrugada, se despertó sin haberse dormido.

Estiró su mano izquierda hacia la Bic de menos tinta, y trece segundos después sentenció:

Cayó la noche en el nostálgico archivado pensamiento.
Del engaño que es efímero en las mismas consecuencias que lo ético.
Que el producto más inerte de lo físico.
En el punto de partida del amargo y abrumante ida y vuelta efervescente.

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