Descubrimiento

Pequeño instante el que nos sucede
En pocas gotas de rocío gravitando
En las ventanas empañadas por agosto
En el calor de saxofones balbuceando.

Esos segundos galopantes son tan nuestros
Pero se escurren entre dedos de una mano
Y los silencios por la ausencia de palabras
Se convirtieron en las notas de ese piano.

Y son las risas que hace un rato se abrazaban
Y son mis labios recorriendo tus lunares
Y es tu mirada cuando bebes de mi cuerpo
Es nuestro fuego que se funde entre la noche.

Inerte

Mirando fijo hacia la cristalina solución, terminó enrollando una gran parte de sus manuscritas inspiraciones que cosechó en el mes de Abril.

Dejó caer su cabeza en el respaldo y observó cómo la densidad del humo se elevaba lentamente hacia el techo de chapa.

De repente, lo agobió ese calor intenso y cansino que reposaba sobre su espalda. En esa madrugada, se despertó sin haberse dormido.

Estiró su mano izquierda hacia la Bic de menos tinta, y trece segundos después sentenció:

Cayó la noche en el nostálgico archivado pensamiento.
Del engaño que es efímero en las mismas consecuencias que lo ético.
Que el producto más inerte de lo físico.
En el punto de partida del amargo y abrumante ida y vuelta efervescente.

Piano

Tenue luz naranja y más abajo
Sombras sin contraste perceptible
Luna escurridiza por el frío
Frío escurridizo y más abajo
Notas de algún piano envejecido.

Cierta decisión inteligible
Me distrajo a la salida del trabajo
Algo de pospuesta indivisible
Cerca del enorme griterío
Sorda distracción entre el relajo.

Lento y escondido en el vacío
Fui sobre galaxias imposibles
Y esa decisión que me distrajo
Sonaba que sería irreversible
Justo sobre el fin del albedrío.

Y entre ese silencio que te trajo
Junio escurridizo por el frío
Llanto de presión incontenible
Tenue luz naranja y más abajo
Algo de pospuesta indivisible.

Ascensor lunar

Cada lunes es un nuevo loop.
Y cada paso va escribiendo el flujo.

Otra vez me puse a hablar del tiempo cuando eran las seis. Porque hablar del tiempo es lo que mejor se hacer. Pronosticador experto de posibles chubascos y de nubarrones también.

…Es verdad. ¿Será que hay lluvia más tarde? – me preguntó.
Si llueve que sea de noche, porque de noche se siente bien escucharla – le dije yo.
Tenés razón; y porque el cielo es distinto, porque no es grisáceo, ¿no? Porque es azul, como ese azul de la noche cuando llueve, como cuando la tormenta no solo se mira, ni solo se escucha, si no que de a ratos se siente, ¿no?

Me sentí astronauta perdido en sus lunares.
No llegué a tocar las estrellas pero las llegué a sentir ahí, tan cerquita, tan cómplices, mirando el mundo conmigo desde alturas poco frecuentes.

::after {

Un teclado sin su barra espaciadora.
Un boceto sin papel en la impresora.
La etiqueta de salida de emergencia.
Una lluvia sin su voz encantadora.


La farola oscureciéndose en la esquina.
Una gorra endureciendo la rutina.
La manzana con colonia de gusanos.
La canción de los ’80 en la oficina.

Un boleto en congelada alcantarilla.
Una estrella en la galaxia más lejana.
Un Marlboro sin tabaco y sin colilla.
Un vacío de la noche a la mañana.

} 

Petricor.

Las dudas me recorren el alma
Y me cierran la garganta.
Desde un hilo siempre a punto de soltarse,
Siempre a punto de dejarse caer.
Altibajos más bajos de lo que quería
Me mantienen con vida.
En una irónica y esperanzadora agonía.
La luz al final del cielo tiende a infinito.
Y la tarde se hace noche,
Sobre el bote y la caña
En la laguna tranquila.
Sobre el alfil y la reina
En la estrategia perdida.
En la callada sensación de despertarse.
Y de sentir el aire refrescando las mejillas.
La tormenta no llega.
Los paraguas se abren de igual forma
Protegiendo el ego de los que
No cultivaron empatía.
Y la taquicardia me aumenta
Y la ciencia sentencia
Una conclusión prematura.
Mientras tanto, allá en lo alto,
La cruz se erige delante del Obelisco blanco.
Y a mi lado, ilusionado,
Un rosario descansa sobre mi mano.
Las palabras me hacen eco
Hasta que salen del cuarto.
Las caricias calan hondo
Y me reducen el daño.
La confusión me recorre el cuerpo.
Porque no hay tiempo para
Planificar una huida.
Sólo hay tiempo
Para escuchar en silencio.
Sólo hay tiempo
Para esperar a que el tiempo decida.
Y como se nos va el enero
Se nos van los días.
Porque el calor abraza,
Pero el frío quita.
Porque a infinito tiende la luz
Al final del cielo.
Sobre el bote y la caña en la laguna tranquila.
La calle imaginaria
Me atrapó los pensamientos.
El petricor de llovizna
Me pellizcó de la siesta.
No será hoy que perderé mi vida.
Mientras tanto y cuando duermo,
Estoy yo solo.
Sobre el bote.
Y con la caña.
En la laguna tranquila.-

A mi abuelo.

Básico y necesario

Los demás dormían la siesta, así que intenté hacer el menor ruido posible.

Tan sigiloso como un gato, abrí la carpa y salí, rumbo al árbol más frondoso, al más fresco de la tarde.

Me senté con las piernas cruzadas, tiré desde el hilo azul oscuro y comencé a leer.

Fulminante.

La enigmática detective de casi treinta, apagó su Marlboro mientras degustaba un vinilo de Pink Floyd.

Clavó su mirada en mis pupilas y adelantándose al balbuceo de mi pregunta, me susurró:

Tu desprecio hacia mi soberbia no disimula la intriga que provoca la elegante seducción de mis actos.

Y de un momento a otro, el presente me dejó espacio para incendiar mi mente de espectaculares pensamientos.

Casi por instinto, rompí barreras de lo ético y me aventuré en una fulminante adrenalina de emociones desconocidas.

Encrucijada

Entre todo lo que tengo, tengo orgullo.
Tengo orgullo de decir que tengo todo.
Tengo amigos, tengo viernes, tengo estudios.
Tengo abrigos que me esconden sobretodo,
Entre risas y presente con hermanos,
Entre hielo, con nostalgia estando solo.

Tengo piso, tengo techo y ambiciones.
Mi memoria tengo al tanto entre algodones.
Y entre letras de poemas y canciones,
Tengo ausencias y quebradas ilusiones.

Tengo blanco y tengo humo por mis venas,
Y están llenas mis rutinas de lo mismo,
De aspirinas que en la noche me envenenan,
Y de cuerpos más vacíos que un abismo.

Tengo todo y tu olor está en mi ropa,
Y entre copas te desnudo en mi pasado.
Tengo un nudo que me asfixia y descoloca.
Tengo todo pero el nudo sigue atado.

¿Y por qué, si tengo todo, no te tengo?
Me entretengo, me distraigo, me persigo.
Y aunque sigo caminando, me detengo.
No tengo nada: Lo que tengo no es contigo.-